El campo geobiológico, el campo de la vida.

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La biosfera está formada por un conjunto de medios que son indispensables para el desarrollo de la vida, como por ejemplo, la atmósfera.

Nos encontramos inmersos en un inmenso campo de fuerzas invisibles, e intrínsecas a la propia vida, fuerzas creadas por la actividad del campo geofísico de la Tierra en interacción constante con la actividad del Sol, de la Luna, y del resto del Universo.

A este inmenso campo de fuerzas lo llamaremos el campo geobiológico.

El campo geobiológico,  genera las fuerzas imprescindibles para crear y mantener la vida en la tierra, aportando energías a la actividad biofísica de los organismos vivos.

Fuerzas que se comportan como auténticos nutrientes físicos, tan importantes para la vida, como lo son el aire, el agua, o los alimentos.

El justo equilibrio y el flujo constante de estas fuerzas de naturaleza cosmotelúrica, son fuente de vida y salud para el conjunto de los habitantes del planeta.

Pero en el campo geobiológico, además, existen lugares en los que podemos encontrar variaciones importantes en el flujo de estas energías, como rupturas, ruidos, e interferencias en las constantes del campo global, ésto es debido a las características geológicas de los terrenos sobre los que vivimos y su consecuente actividad geofísica.

Corrientes de agua subterránea, fallas, cambios en la composición mineral de los terrenos, y un sinfín de elementos geológicos en la corteza terrestre, alteran estos flujos físicos de forma local rompiendo y cambiando la intensidad y el carácter de las energías de la tierra en áreas concretas de la superficie terrestre.

Así, encontramos lugares donde las energías pueden ser muy débiles, resultando insuficientes para el buen desarrollo de las constantes de la vida. Podríamos decir, que hay ambientes a los que les falta vidilla.

En otros casos, las energías pueden ser excesivamente fuertes e intensas, generando saturación en los procesos biofísicos de los individuos expuestos a su acción.

Habitar en lugares  donde las energías de la Tierra son excesivamente débiles, o muy intensas, suele ser desencadenante de múltiples procesos de estrés y enfermedad. Esos lugares se denominan áreas geopatógenas, o lugares geopatógenos, del griego geos, Tierra, y pathos, enfermedad, y significa, tierra que enferma.

Se trata, de lugares que crean enfermedad por exposición continuada a su actividad geofísica alterada.

Las enfermedades producidas por vivir en estos lugares de la tierra, se llaman Geopatías, que son enfermedades provocadas por la tierra.

Para la buena salud de un organismo vivo, que ineludiblemente se encuentra inmerso en las energías de la Tierra, es preciso encontrar un equilibrio entre las necesidades bioenergéticas de ése organismo y el ambiente geobiológico en el que habita. En la biosfera, cada ser vivo precisa de unas características bioenergéticas diferentes, así encontramos que todas los organismos biológicos del planeta ocupan su propio ambiente geobiológico. Lo que puede ser un mal lugar para un ser humano, un perro, o un árbol, puede ser el paraíso para un gato, un insecto, o un hongo.

Si se dan las características adecuadas para que ése organismo encuentre un equilibrio entre las energías del lugar y sus propias necesidades bioenergéticas, se establece una relación de equilibrio entre ambos, y consecuentemente, la salud y el bienestar del organismo en cuestión.

Video publicado en www.geobiologia.com

Tradición y observación de la naturaleza

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Desde tiempos arcaicos,  las antiguas tradiciones del mundo han venido ingeniando diversas artes para elegir los mejores lugares donde obtener salud, prosperidad, y transcendencia espiritual, artes surgidas de una sabiduría ancestral, cimentada en experiencias y conocimientos acumulados durante miles de años de observación del mundo. Algunas de estas artes continúan siendo muy populares en la actualidad, como es el caso del  Vastu Shastra indio, y por supuesto, el Feng Shuí chino. Se trata, sencillamente, de encontrar nuestro lugar en el mundo, y por lo que sabemos, es algo que hacemos todos los organismos del planeta.

Antes de ubicar un asentamiento humano (tienda, choza o casa) es de vital importancia conocer la tipología bioenergética del área donde se va a realizar el asentamiento, la correcta elección del lugar es un factor que va a influir directamente en la calidad del descanso y en la salud de las personas que habitarán en ese lugar del mundo.

Desde nuestros orígenes, hemos seguido nuestro propio  instinto para encontrar nuestro lugar perfecto, o al menos, hemos sabido aprovechar el instinto y la naturaleza de otros compañeros de viaje. Y es que os animales y plantas con los que compartimos hábitat, son un fabuloso indicador para diferenciar el buen lugar, del mal lugar.

Los pueblos nómadas, como es el caso de los indios americanos, disponían sus campamentos en los lugares donde decidían pacer sus caballos. Los beduinos del Sahara, preferían el lugar que elegían sus perros para descansar, el  lugar favorito de los perros se convertía en el lugar donde poner las tiendas. A los perros se les considera un sentido capaz de encontrar lugares sanos sobre la tierra, y a sus contrarios, los gatos, parecen gustarles más los lugares que para nosotros tendrían un carácter insano.

En Centroeuropa, entre los siglos  XVI, XVII, se llevaban hormigueros al lugar donde se pensaba edificar, si las hormigas se quedaban en el terreno, no se construía la casa, si se marchaban, y trasladaban el hormiguero, el lugar prometía salud y suerte a sus futuros moradores. En la actualidad, los científicos han podido observar que aquella misma especie de hormigas que se llevaban a los terrenos, suelen construir sus nidos sobre fallas geológicas, y se estudia su comportamiento como método de anticipación ante los terremotos. Esto es debido a su especial sensibilidad a las variaciones en la emisión de gases del subsuelo, y a los cambios producidos en el campo magnético terrestre antes de producirse un movimiento sísmico.

Las hormigas y otros insectos, tradicionalmente se han relacionado con lugares insanos para el ser humano, como ocurre también con gatos, topos, o cigüeñas. La presencia de hongos, o el estado en la salud y el crecimiento de la vegetación, también aportan una información inestimable.

Igual que nosotros, cada organismo, ya sea planta o animal, tiene sus propias necesidades bionergéticas, y prosperan en los lugares con los que entran en resonancia.

Fauna y flora, suelen ser indicadores fiables del carácter geobiológico de los lugares, la observación de la actividad de plantas y animales, y sobre todo, la atención a nuestras propias sensaciones, son el origen de un arte ancestral que durante miles de años ha evolucionado como herramienta de salud, prosperidad y transcendencia, un arte, que es el origen de lo que hoy día conocemos como Geobiología.

¿Sabemos cómo es nuestro lugar en la vida?

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